martes, 5 de febrero de 2008

Medal Of Honor: Airborne.


Si no sueles acertar a la primera, el paracaidismo no es lo tuyo. Así que si no eres un tipo duro, rápido, preciso, letal, y sin miedo a las alturas ni a los nazis (los italianos no logran asustar a nadie), va a ser mejor que te dediques a otra cosa.

Con un argumento muy simple (eres un paracaidista yanqui de la II Guerra Mundial), y una dinámica ágil, en la que todas las misiones se reducen a saltar, matar, correr, matar más, y hacer saltar cosas por los aires, enseguida te verás inmerso en una lluvia de plomo en todas las direcciones, con enemigos por todas partes, y si eres de los que crees en la máxima de ‘más gente para matar, más diversión’ este juego te va a encantar.

Los gráficos son más que aceptables, sin llegar al nivel del Call od Duty 4, o del Crysis (tened en cuenta que salio antes al mercado). También las exigencias con la máquina son menores. El único pero que le veo a los gráficos son sus texturas, que no son en exceso realistas. Aunque cumplen con su función (ponerte blancos a tiro).

El juego se desenvuelven en seis escenarios, que podrás recorrer (y caer desde el cielo) casi por completo desde el principio (aunque suele ser buena idea ir con tus compañeros y no dedicarse a las excursiones solitarias. Tendrás que cumplir ciertos objetivos (casi siempre destruir cosas o despejar zonas de enemigos) que quedarán guardados una vez que los cumplas (aunque si vuelves a la zona, es posible que te encuentres más de un nazi por ahí perdido), y si te matan, volverás a caer del cielo (a veces apareces en algún lugar concreto del escenario) para terminar con el resto. Después de cumplir todos los objetivos de fase, casi siempre llegará alguien con algo nuevo que hacer, y accederás (a veces con una cinemática de por medio en la que vuelas un portón, o un tanque destroza un muro) a nuevas zonas del escenario, con nuevos objetivos. Una vez terminado, otra vez a saltar en otro lado, sin olvidarse del discursito del oficial: ‘Chicos, esto va a ser duro, pero…, bla, bla, bla’.

Seis escenarios pueden parece pocos, aunque tengas muchos objetivos, y se dividan casi todos en dos zonas, y de hecho, lo son. Cuando me acabe el juego por primera vez, sentí una enorme decepción por lo rápido y fácil que había sido terminar con la maquinaria bélica nazi (jugando en modo de dificultad intermedio). Pero una vez descubrí el sistema de logros, me volví a enganchar (que esta muy logrado, valga la redundancia). El juego te inicia en el sistema de logros, por medio de avisos, como cuando descubres una zona de aterrizaje especial, o por medio de ralentizar el juego, como cuando logras una mejora de un arma.
Básicamente el sistema de logros se divide en conseguir:

- unas medallas que te dan por hacer ciertas cosas (como terminar una misión sin que te maten),
- estrellitas que te dan por mérito en combate (matar muchos enemigos en una sola ráfaga, o a culatazos con una pistola),
- unas alas, por aterrizar en cinco sitios específicos por misión (verás el paracaídas de un compañero),
- y mi favorita, las mejoras de arma, que van aumentando su letalidad según las uses con tres mejoras por arma (me emocione muchísimo cuando me dieron la bayoneta para la escopeta).

Este sistema, asegura muchas horas de diversión, y muchos retos, antes de que el abandonar definitivamente el juego.
Cuentas con un arsenal bastante completo de armas de la época, pero las mejoras, y el hecho de que algunas se puedan quitar y poner (como la posibilidad de acoplar una granada a un rifle para lanzarla realmente lejos) hace que no te falten armas dónde elegir (aunque si puede que munición).

A pesar de no ser excelente, el juego me gusto, de hecho he de reconocer que es el shooter al que más he jugado en modo un jugador después de haberlo acabado. Por mi parte, totalmente recomendado.

1 comentario:

Sgt. Peppers dijo...

Me encantan vuestras review de juegos bélicos. Ánimo, seguid así.