jueves, 21 de febrero de 2008

Hour of Victory

Hacia tiempo que no jugaba a un juego tan malo.

Tiene unos gráficos malos, pasables en sus modelos y texturas, pero pésimos en todo los efectos, ya sea fuego, humo, explosiones o agua. Y por encima de ser malos, van a trompicones (eso de que lleva el motor gráfico del Unreal tiene que ser mentira).

Aunque los saltos que da no sé muy bien si se deben a los gráficos o a su mala jugabilidad. Cuando te acercas a una pared, el protagonista, se pega a ella para cubrirse. Hasta ahí bien. El problema es que luego, se empeña en ir pegado. Parece una ventosa, no hay quien lo despegue de la pared. Y no deja de cambiar el arma de lado, cada vez que te acercas a un borde, moviéndose él también. Y como haya ventanas, lo más probable es que te marees. Se detiene, agacha, y hace todo tipo de movimientos por iniciativa propia, y lo peor de todo, de una manera que parece aleatoria, e incontrolable.

Tiene una estupidez artificial increíblemente bien desarrollada. Los alemanes se equivocan de vez en cuando y se cubren del lado correcto de las cajas. Lo cual tampoco es que tenga mucha importancia, porque aunque las balas son incapaces de atravesar una malla metálica, si atraviesan las esquinas de gruesos muros de hormigón.

Los enemigos, una vez muertos parecen muñecos de trapo, y a veces, se ponen a dar vueltas como locos una vez que los abates. O quedan de rodillas (supongo que están rezando a ver si van al cielo).

El juego guarda por puntos de control. Aunque es un desacierto. Ese sistema ayuda a hacer los juegos más dinámicos, ya que sólo te tienes que preocupar de avanzar, no de guardar. Pero en este caso no es así. La jugabilidad es tan mala, que el juego se hace lento y tedioso. Y además, al menos en la última fase, el juego te hace volver a empezar cada vez que abandonas la partida, aún cuando ya hubieras llegado al malo del final, que por cierto es casi inmortal.

Es un tipo duro. Es que todos los alemanes tienen el poder de aparecer de repente. Pero el malo del final, cuando corre a cubrirse mientrás le atizas, es capaz de desaparecer, y aparecer detrás de una cobertura.

Si llegas al punto en el que suponía que los enemigos debían atacarte, aparecen de la nada. Si eres un poco rápido los verás aparecer, o como androides en la posición del Hombre de Vitruvio, esperando a que alguien los active. En concreto, tú, al llegar tarde. Es lo que supongo que los desarrolladores creían, pero señores, para algo esta el botón de correr.

El juego nos pone en la piel de tres soldados con habilidades especiales que son elegidos para cumplir misiones de especial dificultad. En realidad, la única diferencia perceptible, es que en cada misión tendrás que seguir un camino distinto en cada caso. Ya que uno trepa, otro abre cerraduras, y otro mueve cosas pesadas. Bueno, mueve una cosa pesada, porque siempre es el mismo objeto (una especie de generador eléctrico remolcado).


Para colmo, nunca hay cooperación entre los personajes. A no ser que el relevo a lo lucha libre se sonsidere cooperación. Porque aunque vas solo, y no ves a tús compañeros más que en las cinemáticas, podrás cambiar de personaje cada vez que se carga. Intentaron copiar el sistema del Commandos Strike Force, pero las habilidades de los personajes no valen para nada. Y es que solo tiene una cada uno. Sin duda lograron hacerlo una copia mala. Muy mala.

La historia, aunque al principio parece que va a tener importancia, pronto se vuelve secundaria. Y menos mal, porque es inconexa, sin sentido, y esta mal contada.

Vamos, un cúmulo de despropósitos. En definitiva, para este insufrible juego, la hora del castigo, hubiera sido un título más adecuado.

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